Uno de los actos de los más humanos que existen es mojar un pincel en pintura y dejar que los colores hablen por ti. No necesitas ser Rembrandt o Picasso para disponer del clásico caballete en tu hogar y que puedas poner en marcha la terapia de pintar, que técnicamente se llama arteterapia, lo que es un auténtico bálsamo para el alma.
Lo sencillo en tiempos complejos
Los tiempos actuales están repletos de pantallas de todo tipo, estrés y mucho ruido mental, justo donde este tipo de prácticas tan sencillas te devuelven a lo verdaderamente importante: los trazos libres, los colores que fluyen y el sentirse satisfecho de que algo que has creado tú nace de tus manos.
Los expertos de Artespray nos confirman lo que sabemos, puesto que estamos ante una herramienta de gran poder que terapeutas, psicólogos y muchas personas utilizan para poder reconectar consigo mismas. Vamos a conocer más sobre ello, puesto que realmente merece la pena.
Razones para pintar
Hay días en los que todo nos pesa mucho más. De esas jornadas o épocas en las que el trabajo realmente no acaba de avanzar y se tienen discusiones con amigos, así como una ansiedad que no se acaba de explicar. Ahí es cuando se coge un pincel, se elige un color y uno deja que salga todo lo que llevamos dentro, en el papel. Se puede decir que ahí no existen las reglas, ni el bien ni el mal. Solo estás tú y el color que eliges. Entonces es cuando comienza la magia de la terapia de pintar.
Lo cierto es que hay toda clase de estudios sobre la pintura que básicamente coinciden en lo mismo: estamos ante una actividad que rebaja mucho la hormona del estrés, el cortisol, casi al mismo nivel que una sesión de mindfulness o incluso de yoga. Aunque parezca mentira, el solo acto de mover tu mano, ir mezclando los tonos y viendo cómo crecen las formas, consigue bajar la frecuencia cardíaca y tranquiliza la mente.
No estamos ante un relax instantáneo, puesto que pintar es una forma de procesar las emociones que en ocasiones no identificamos. Si eres una persona que aguanta mucho antes de explotar, es posible que un trazo rojo con furia sobre un lienzo lo saque fuera sin necesidad de más palabras. Si te sientes triste o perdido, es posible que, por ejemplo, un fondo en color gris evolucione a un amanecer amarillo que te recuerde que las cosas pueden cambiar.
Los terapeutas lo utilizan con niños que no hablan de los miedos que tienen, con adultos que tienen traumas o hasta en hospitales para los pacientes que sufren de dolor crónico. Lo importante es no juzgar los resultados, ya que el proceso es lo que cura, no es la obra al final. En nuestro día a día, dicha terapia se puede decir que es bastante accesible. No vas a precisar de contar con un estudio profesional, puesto que solo necesitas contar con pinturas, papel y una mesa en la que dar rienda suelta a tu creatividad.
El realizar sesiones de veinte minutos tres o cuatro veces a la semana muestra ya los efectos, puesto que se duerme mejor, hay menos irritabilidad y existe una claridad evidente a la hora de tomar decisiones. Esto es bastante importante cuando eres un creativo y sufres de los típicos bloqueos a nivel de creatividad. Da igual que seas músico, escritor o diseñador; cuando pintas, se desatasca la inspiración, hasta el punto de que parece que el pincel se encargara de limpiar los canales que estuviesen atascados en la mente.
Todo esto puede ser una verdadera sorpresa para aquellas personas que no hayan tocado un pincel en su vida, ya que muchas no sabían que llevaban todo esto dentro, y es que ellas mismas se sorprenden cuando ven los resultados de sus primeras creaciones.
¿Cuáles son los beneficios para la mente?
Al cerebro le gusta pintar y este tipo de actividades estimulan la corteza prefrontal, que es la que se encarga de planificar y del control de las emociones, mientras se calma a la amígdala, un centro de alarmas que se dispara con el estrés. El resultado de todo ello es que hay una menor rumiación a nivel mental, desapareciendo esos bucles que dicen “¿qué ocurriría si…?”, que nos quitan horas de sueño.
Hay estudios que dicen que 45 minutos de arte libre reducen la ansiedad en tanta medida como escribir sobre aquello que nos preocupa. Esto hace que tengamos una mayor felicidad y mejor calidad de vida en estos tiempos de estrés y donde cada vez más parte de la población sufre de ansiedad.
En el caso particular de la depresión de carácter leve o también si se sufre de tristeza estacional, lo cierto es que cuando pintamos disfrutamos de los efectos propios de un antidepresivo suave. Nos obliga a enfocarnos en el presente, lo que rompe el ciclo de pensamientos negativos.
Para las personas mayores, lo cierto es que ayuda a prevenir el deterioro cognitivo, algo en lo que el realizar ejercicios de colores y formas colabora a que se mantengan ágiles las conexiones a nivel neuronal, con un efecto parecido al gimnasio para la mente.
Los niños que tienen TDAH ganan bastante concentración y los adultos que sufren del temido “burnout” ganan en perspectiva. La autoestima se ve reforzada, algo que es clave en una cultura que apuesta por la perfección, y aquí pintar nos enseña a valorar el intento. El lienzo imperfecto puede ser un símbolo de resiliencia: “Lo conseguí, y está bien”, algo importante para los que son muy críticos con ellos mismos.
Efectos físicos, algo más allá de lo que se ve en el lienzo
El hecho de pintar no es algo que sea exclusivamente mental: relaja los músculos tensos de hombros y cuello, despidiéndote de las contracturas, un efecto del que me beneficié yo después de mi trabajo de despacho en oficina ocho horas diarias.
Respirar hondo para concentrarte oxigena mejor, bajando la presión arterial. Estudios de arteterapia en hospitales oncológicos muestran que pacientes que pintan reportan menos dolor percibido, porque el foco pasa del malestar al pincel.
Para los problemas de motricidad, como en el caso de la artritis o un ictus, la rehabilitación se puede realizar pintando. Aquí se fortalecen los dedos y mejora mucho la coordinación del ojo y la mano, lo que al final nos proporciona mucha confianza en los gestos del día a día.
Las embarazadas o personas que sufren de ansiedad somática, consiguen calmar efectos secundarios como náuseas y las palpitaciones, además de que se queman calorías de forma sutil, lo que hace que sea una manualidad activa que entretiene sin que se sude.
Beneficio social y emocional: conexión desde el color
Cuando pintamos en grupo, se multiplican los beneficios. Los talleres de arteterapia fomentan la empatía, viendo cómo otros expresan miedos o alegrías en los trazos, compartiendo todo ello sin realizar juicios. Algo que hacen las parejas es fortalecer sus lazos cuando pintan juntos, así como también hay familias que solucionan tensiones en sesiones en las que se les guía. En el caso particular de las empresas, lo que ocurre es que se reduce el burnout colectivo, de tal forma que mejora el ambiente laboral.
En cuanto a las emociones, se externalizan los sentimientos de mayor complejidad. Los adolescentes con sentimientos de ira pueden llegar a optar por rojos llenos de furia. Estamos ante una catarsis que no necesita palabras, algo que en muchas culturas en las que hablar de lo que se siente no es lo normal, es ideal.
¿Cuáles son las pinturas que más se recomiendan?
No todas las pinturas valen para lo mismo. En el caso de que las quieras para terapia, lo mejor es optar por la calidad.
Acuarelas
Las más usadas, fluidas, transparentes, perdonan los errores y son perfectas para principiantes. Lo bueno que tienen es que enseñan a soltar el control, lo que es ideal para los más perfeccionistas.
Gouache
Es una acuarela opaca, cremosa, que se encarga de cubrir como un óleo, pero que lo diluye. Se usa en las capas y texturas más emocionales.
Óleos
De gran intensidad y se mezclan en la paleta, de tal forma que perduran durante días. Perfectos para usar en el caso de las emociones más profundas,
Acrílicos
Versátiles y tienen un secado rápido. Son perfectos para usarse en capas rápidas y se dice de ellos que son una buena opción de avance aunque haya errores.
Témperas
Son económicas y lavables, ideales para niños o también para grupos. Una buena cobertura que además anima a experimentar.
Pasteles y lápices de colores
Los hay secos y táctiles; se usan para detalles finos o en la terapia de gran precisión.
Unos consejos y cómo empezar tu terapia de pintar
Lo mejor es comenzar con kits básicos, con papel de acuarela, paleta plástica y pinceles sintéticos. Todo ello en un espacio ventilado y con música suave. No tienes que pedir permiso para comenzar, solo debes tener tu set básico y escoger un rincón con tranquilidad. Lo mejor es comenzar con mándalas o manchas libres.


