Mi nueva terapia: la relajación

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La reina de los mares. No tengo muy claro quién fue pero ahora mismo me siento como ella, o como supuestamente se sentía ella porque era lo que me decía mi madre cuando me veía relajada en plan cómoda total en casa siendo adolescente, y todo se lo debo a mi psicólogo (bueno, y a mis ahorros la verdad).

Soy una de esas pocas personas de 33 años que tuvo suerte al acabar la carrera y encontró un buen trabajo enseguida por lo que pude independizarme e incluso cumplir mi sueño de tener una casita en el campo, a las afueras, pero no demasiado lejos. De hecho vivo a 15 minutos del centro de la ciudad en coche así que tampoco es como si me hubiera ido a donde Cristo perdió el zapato.

Soy una suertuda, lo sé, lo reconozco y me enorgullezco de ello. Ojalá todo el mundo hubiera tenido la suerte que tuve yo y eso lo digo hoy y lo diré siempre. Pero el problema es que llevo en esa empresa 9 años y ya estoy estresada. Me involucro demasiado, creo, y llego a casa a descansar después de la jornada pero no termino de desconectar, por lo que entré en un bucle del que necesitaba salir.

No me lo pensé demasiado y cuando le vi las orejas al lobo me puse en manos de un especialista que me ha ayudado muchísimo. Una  de las premisas que me dio al inicio de toda la terapia fue que buscara tiempo para mí, pero no para hacer cualquier cosa, sino para un único uso: relajarme. Le he hecho caso de mil maneras: dándome buenas duchas, tumbándome al sol los fines de semana en el porche, etc. Pero, tras ver cómo empezaba a encontrarme mejor me di cuenta de algo: de que sentirse bien merece la pena, y mucho. Por eso empecé a pensar en cómo invertir algo de mis ahorros en mí misma, y no hablaba de un viaje que se acaba en 7 u 8 días, no… pensaba en algo más duradero y lo encontré: ahora me he instalado una de estas preciosas piscinas de fibra en el jardín y es lo mejor que he hecho en la vida, creo.

Llego a casa, me sumerjo en el agua y me pongo, en el portátil este vídeo de relajación guiada que me recomendó mi terapeuta también y, cuando salgo del agua, soy una persona nueva, diferente, más calmada y con energías renovadas.

Sé que con esto que os cuento vuelvo a ser una suertuda porque no todo el mundo tiene espacio ni dinero para instalarse una piscina de fibra pero también me lo he ganado trabajando desde los 24 años sin descanso ¿verdad?, aunque eso haya sido una suerte también. Yo siempre seré consciente de lo que tengo y de lo fácil que lo he tenido en comparación con otras personas pero también he de añadir a eso que nadie me ha regalado nada. Lo que tengo lo he conseguido yo, trabajando, y eso también me enorgullece.

No os voy a recomendar que hagáis lo mismo que yo porque cada uno es consciente de su situación y de su economía pero lo que sí os puedo recomendar es que busquéis algo que os haga sentiros únicos, especiales, llenos de energía… algo que os dé el tiempo para vosotros mismos que tanto necesitáis.

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