Tailandia, país líder en Turismo Médico

A veces, algo tan sencillo como un reloj puede ayudar a cambiar ciertas cosas. No sé si fue el reloj que le regale a mi padre lo que le hizo empezar a tomar decisiones de una manera diferente, pero puede que algo ayudara.

A mi padre le encantan los relojes, los colecciona de todos los tipos, colores y formas. Relojes de muñeca, de bolsillo, relojes decorativos para escuchar el tiempo pasar.

A mi manera lo interpretaba como una extravagante forma de ser muy consciente de que el tiempo pasa y de que hay que aprovecharlo, pero algo me hacía pensar que esa no era la razón de que mi padre estuviera obsesionado con los relojes.

Lo cierto es que su obsesión era todo un misterio y preguntara a quien preguntase, nadie tenía la respuesta a tan intrincado enigma.

Con el tiempo, conseguí sonsacarle algo a mi madre que me dijo que todo había empezado después de un viaje a Tailandia que mi padre había hecho por negocios. Algo le cambió en ese viaje que ya no volvió a ser el mismo.

Mi madre recordaba un viejo reloj que llevaba siempre, un antiguo modelo de Swarovski con una frase grabada “carpe diem”. Es cierto que tan solo era un pequeño detalle, pero, algo me decía de cómo era mi padre en su juventud.

En cuanto mi madre me habló de este reloj pensé en buscarlo por todas partes para regalárselo. Le pregunté a mis amigos más entendidos en temas de joyería y relojes, y varios me dijeron que lo buscara en Onlysilver, es una joyería y relojería online que tienen en su catálogo joyas y relojes de las principales firmas a muy buen precio.

Entre sus firmas destacadas estaba Swarosvki, una colección muy completa de la marca y entre los relojes del catálogo había uno que era exactamente igual que el que me había descrito mi madre, así que lo compré y le hice grabar “carpe diem”.

Cuando llegó el día de su cumpleaños lo envolví y esperé impaciente el momento de dárselo. Cuando abrió el envoltorio de regalo mi padre no se lo podía creer y casi se pone a llorar.

Los días que siguieron a su cumpleaños mi padre parecía otro, estaba realmente contento, nunca me hubiera esperado que él también tenía una sorpresa para mí.

Tailandia, el país de la sonrisa

A la semana de que le había regalado el reloj mi padre vino a visitarme con su propio regalo para mí. Un regalo sorprendente que nunca me habría imaginado. Me regaló un viaje a Tailandia, pero no un viaje cualquiera sino un viaje para cuidarme y trabajar en mi bienestar y salud.

No entendía a qué venía lo de hacer un viaje distinto, pero era su regalo y estaba claro que no le iba a poner ninguna pega. Me parecía una magnífica oportunidad de conocer un país exótico y distante con maravillosas playas y montañas.

No sabía mucho de Tailandia, pero sabía que era uno de los destinos más turísticos del mundo y que seguramente iba a ser una experiencia inolvidable.

Lo que nunca me hubiera imaginado es todo lo que aprendí en aquél viaje, y es que el Turismo médico no tiene nada que ver con otros tipos de turismo.

En ese viaje a Tailandia descubrí la Meditación, una doctrina filosófica y religiosa que puedes aprender en una serie de templos y retiros por todo el país. El propósito de la Meditación es despejar la mente y lograr la claridad y paz interior.

Tailandia es un país budista, así que donde quiera que vayas es fácil encontrar fascinantes templos donde aprender sobre budismo y meditación.

Hasta ahora nunca había tenido contacto con este tipo de filosofías orientales, mi padre nunca me había hablado de nada de todo esto, así que no podía dejar de sorprenderme ante todo lo que estaba descubriendo en este viaje.

Otra de las cosas que más me gustaron fueron los spas, la oferta de terapias preventivas y curativas para alcanzar el relax en cuerpo y mente es tan amplia y variada que lo difícil es elegir el sitio al que ir.

En Tailandia se pueden encontrar spas de lo más sofisticado, y es que siendo este país hogar de terapias curativas milenarias, hasta sus spas tienen la solemnidad arquitectónica de antiguos santuarios.

Aquel viaje me transformó, pero no por haberme ido tan lejos, sino porque algo cambió en mí. Mi padre me había hecho un regalo muy especial, entonces entendí que no se trataba de ver pasar el tiempo, si no de estar presente aquí y ahora, en cada momento.