Un mini crucerito fantástico

Creo que  sólo he subido en barco en un par de ocasiones y ninguna de ellas ha sido para hacer un gran viaje así que, podríamos decir que no tengo ni idea de lo que es realmente viajar en barco. Sin embargo, siempre me ha llamado la atención el mar y la idea de subir a un velero y navegar, aunque sea por poco tiempo, surcando la costa, me resulta de lo más atractiva. No obstante, ni sé navegar ni tengo dinero para permitirme algo así pero mis amigas, que quisieron cumplir mi sueño en mi despedida de soltera, me premiaron con una escapada muy especial.

Desde Murcia hasta Almería

Me caso en dos semanas y este fin de semana pasado hemos ido cinco amigas y yo desde Cartagena hasta Las Negras, en Almería, ida y vuelta, en una continua fiesta de despedida de soltera. No sé por cuánto les habrá salido el viaje, ni quiero saberlo porque sé que barato no ha debido ser, pero la verdad es que ha sido una auténtica pasada y he podido saborear parte de mi sueño, gracias a ellas. Son las mejores amigas y esta ha sido, probablemente, la mejor escapada que haré  en mi vida.

Contrataron un catering para tres días a Catering A Morena porque no querían tener que cocinar, como mucho calentar, y la verdad es que estaba todo mucho más bueno de lo que yo pensaba. Me daba algo de miedo que, tras tres días de nevera en tupperwares, la comida no estuviera igual de bien, pero no puedo quejarme la verdad. Y es que lo tenían todo previsto, incluso las paradas que haría el velero para nadar, las sorpresas que me irían dando durante los tres días y, por supuesto, todo lo que íbamos a  necesitar.

Doy gracias al Otoño por haberse esperado hasta hoy para traer las lluvias porque, por suerte, nos ha hecho un tiempo estupendo y hemos podido disfrutar de todo lo que tenían pensado.

También me traje una anécdota muy graciosa y es que una de ellas no quería venir por miedo. Por lo visto le da pavor el mar, así que eso de dormir en un velero y navegar durante tres días no le hacía ninguna gracia. Llegó a proponer pagar su parte para no dejar tiradas al resto pero quedándose en su casa. Al final la convencieron para venir pero tuvieron que comprar estos chalecos salvavidas de Balsamar para llevar cada una el suyo además, por supuesto, de los que ya llevaba de por sí el velero. Fue la única manera que tuvieron para convencerla, y luego se pasó todo el viaje con el chaleco puesto. Si no recuerdo mal sólo se lo quitaba para cambiarse de ropa porque hasta durmió con él , lo que es un poco ilógico pero ese es otro tema.

Por las noches cenábamos en cubierta, a la luz de las estrellas, y bebíamos champagne. Cinco amigas pasando unos días increíbles en honor a una de ellas, a mí, algo que jamás olvidaré, por muchos años que pasen.