Contra la depresión: viaja y una caña al día

En ocasiones la vida te hace pasar por tragos muy complicados. De esos que si fueras creyente, tendrías que reclamar al cielo preguntando ¿por qué? Y si no lo eres, como es mi caso, solo tienes que meterte en la cama y ponerte a llorar. Efectivamente, cayendo en una depresión. Hace dos años que murió mi padre y la verdad es que es el peor momento de mi vida. Pero no por la muerte exactamente, sino por el proceso anterior y posterior. Me explico.

Mi padre murió de cáncer de pulmón a los 64 años. Sí, en plena vida para poder haber disfrutado después de tantos años de trabajo. Sin embargo, él lo padecía desde hace 10. Para muchos fue un milagro, porque estaba bastante avanzado y anteriormente se había cuidado muy poco. Ya sabéis, el maldito tabaco, que cada año mata a más gente en España. Afortunadamente, hasta el último año su calidad de vida fue inmejorable. Él salía de cañas, se iba de viaje con mi madre y estaba metido en mil vainas, como solía decir él.

Pero la enfermedad es muy cruel y los últimos meses fueron lamentables. Perdió calidad de vida y estaba todos los días pendiente de él. Pero lo que más me dolió es que tengo un hermano mayor que nunca se preocupó de él. Por la sencilla razón de que a él “esas cosas no le gustan”. Odio esa frase. Es como la gente que no va a entierros u hospitales porque “no les gusta eso”. Claro en cambio a los demás nos encanta. Idas y venidas con él al hospital, durmiendo muchos días, ayudándole a comer. Y sobre todo, mentalizándonos los dos (la verdad es que estábamos muy unidos) de que esto se acababa después de una década de vivir ilusionados.

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Túnel sin salida

Su muerte fue un palo, pero también un alivio. Fueron muchas, pero muchas horas sin dormir. Sin embargo, no podía imaginar que lo peor iba a venir ahora. Y es que tocó hacer los papeles de la herencia. Y claro me lo volví a chupar yo todo. Me di cuenta que con la muerte de mi padre estaba sola en la vida. Mi hermano solo pensaba en él, y en heredar cuanto más mejor, pero sin tener que hacer un solo papeleo. Y mi madre, lamentable, porque un día me decía una cosa, y al día siguiente porque mi hermano le había comido la cabeza.

Caí en una depresión que tuve que acudir a este psiquiatra en Alicante,  el Dr. José A. Hernández, que podéis encontrar en la web http://www.psiquiatradrhernandez.com. Lástima que tardé tanto en ir, porque me hubiera ahorrado muchas horas de insomnio. Como me dijo, era una depresión de manual. Y comenzó a tratarme. Sentía que le había fallado a mi padre, porque no era capaz de afrontarlo todo. Pero de verdad que la losa era muy grande.

Sonríe siempre

Después de unas consultas con el doctor, poco a poco iba viendo las cosas más claras. Y aunque cada caso es un mundo, y la cabeza humana en ocasiones más complejo de lo que pensamos, me dio una lección que nunca olvidará. Me dijo, “Mónica, nadie va a sonreír por ti, por lo tanto es el momento de lo que hagas”. Y me recomendó que después del trabajo siempre me tomara una caña. Incluso me contó que una anciana había llegado a los 103 años gracias a tomar una al día. Además me recomendó viajar. Para rematar con un simple, “tu familia ya se dará cuenta de que te ha perdido y cambiará”.

Y así fue. Desde entonces soy más feliz. Con mi cosilla en el corazón, pero sabiendo disfrutar de las cosas buenas de la vida y sobre todo, pensando en mí.