Cursos de cerámica, cada vez más demandados

Lo que empieza por un simple entretenimiento, puede convertirse, con el tiempo, en una profesión, y hoy, algunas de las muchas personas aficionadas a la cerámica, han decidido montar su propio taller de cerámica, y hacer de lo que les gusta, su medio de vida.

Este es el caso de Jacinto, que tras quedarse sin trabajo en la fábrica donde llevaba toda su vida, y consciente de que las posibilidades de encontrar empleo a su edad eran más bien escasas, tomo la decisión más importante de su vida, y como él mismo confiesa, la mejor de todas. Este hombre, comenzó a trabajar la cerámica por pura diversión, por pasar el tiempo, que en el paro, es mucho. Yo no podía pasarme el día sin hacer nada, así que un día, viendo un programa en la TV que trataba sobre la cerámica, empezó a picarme la curiosidad. Ese mismo día, salí a la calle, compré barro, algunos esmaltes, herramientas, y me puse manos a la obra. Para su sorpresa, no se le daba nada mal, y poco a poco, sus familiares y amigos le iban pidiendo más encargos. Pensaba que lo hacían por hacerme un favor, pero no, realmente les gustaba lo que hacía. De familiares y amigos, pasaron a los amigos de los amigos, y de ahí, a los amigos de los amigos de los amigos. Fue entonces cuando lo decide: tengo que abrir mi propio taller.

Jacinto nos confiesa que ha aprendido mucho del revolucionario Miguel Bartolomé, ingeniero técnico en diseño industrial y apasionado, tanto de la cerámica como de la arquitectura, un amante del diseño que ha sabido aprender de las colaboraciones con empresas, arquitectos, interioristas y diseñadores en el desarrollo de productos cerámicos específicos y convertir así ideas cerámicas en realidades. Gracias a esta interacción, hoy, es un profesor universitario. Y todo empezó sustituyendo a su antiguo profesor de diseño cerámico que acababa de jubilarse.

Mientras enseñaba a sus alumnos y alumnas tuvo una iluminación, ya era hora de mostrar sus ideas al mundo. Y con esa finalidad, crea una tienda online, Cerámica Para Arquitectura, que ofrece un amplio abanico de posibilidades: acabados cerámicos, celosías, cerámicas vintage, cerámica a medida, piezas únicas y de edición limitada y, por supuesto, cerámica clásica y tradicional. Aquí, pone a disposición de sus clientes una enorme variedad de productos y la posibilidad personalizarlos a su gusto. En un solo click sus clientes podrán acceder a su variado catálogo de productos de cerámica que harán de cualquier proyecto arquitectónico algo único.

Qué necesitas para abrir tu propio taller de cerámica

  1. El local. En primer lugar, has de conseguir un local y la licencia de apertura. Esto dependerá de tus intenciones. Si quieres trabajar solamente, si pretendes también vender, o si habías pensado en dar cursos de formación. Esta última, serían una elección muy acertada, ya que a día de hoy, son muchas las personas interesadas en hacer cursos de cerámica.
  2. El horno. Una vez elegido el local, hay que comprar el horno. Has de tener en cuenta las piezas que vas a crear y el volumen de carga. En función de esto, puedes elegir un horno monofásico, o bien trifásico.
  3. El torno. A día de hoy, existen tornos con motores muy eficientes y que apenas consumen. Tenlo en cuenta a la hora de comprarlo.
  4. La laminadora. Las hay de sobremesa o con mesa incorporada, así como con diferentes niveles de espesor.
  5. El barro. Existen multitud de tipos: arcillas de baja temperatura, de alta temperatura, de diferentes texturas, colores, cantidad de chamota, acabados, materiales, extrusionada o en polvo.
  6. Las herramientas. En cuanto a las herramientas, necesitarás: esponjas, palillos, espátulas, extrurosas, limas, tornetas, etc…
  7. Además, vas a necesitar esmaltes, engobes, pigmentos y colorantes….

Los beneficios de los cursos de cerámica

Trabajar la cerámica tiene enormes beneficios para la salud mental, ya que la práctica de actividades creativas, estimula el cerebro, mejora el estado de ánimo, y unido a una actividad que pone al ser humano en contacto directo con la tierra, proporciona una agradable sensación de equilibrio. Mejora la concentración, es relajante, nos conecta con la naturaleza, es creativo, aumenta la autoestima, ejercita el cuerpo, etc…