Capturar la eternidad: Roma en el diseño de Bulgari

Tras habernos ahorrado un montón de dinero a la hora de pintar nuestra casa gracias a las ofertas del Brack Friday de MiPintor (y ha quedado súper bien), mi marido y yo hemos decidido darnos un capricho y viajar a Roma, ya que hemos estado viendo el catálogo de una exposición del Thyssen acerca de la influencia de esta ciudad en la firma Bulgari y nos han entrado ganas de hacer ese mismo recorrido, que ya lo tenemos preparado.

Y es que con sus impresionantes vestigios del Imperio Romano, sus amplias plazas, su imponente arquitectura barroca con sus innumerables fuentes y sus magníficas basílicas, la ciudad de Roma ha sido fuente de inspiración para artistas e intelectuales de todos los tiempos. Las creaciones de Bulgari, en palabras del nieto de su fundador, Paolo Bulgari, “son un recorrido por las obras maestras italianas en las que se inspiran”.

Un recorrido que empieza por uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, retratado por numerosos artistas y cuya inconfundible forma ovalada acabará convirtiéndose en una de las señas de identidad del diseño Bulgari: el Coliseo. Lo vemos ya en un brazalete de 1934 que combina diamantes con piedras de un solo color, el rojo de los rubíes. Se trata de una joya que mantiene el estilo geométrico y art déco predominante en las primeras décadas del siglo XX, pero que muestra un uso temprano de la talla cabujón, que confiere a la piedra una forma redondeada; una técnica revolucionaria en aquel momento, que iría posteriormente desarrollándose hasta convertirse en la principal y más apreciada del estilo Bulgari.

La elíptica fue también una de las formas predilectas de los grandes arquitectos del Barroco italiano para dar movimiento a construcciones y espacios urbanos, desplazando progresivamente a la clásica forma circular. La columnata y la plaza de San Pedro, diseñadas por Bernini como un inmenso lugar de acogida en el que las columnas envolvían y guiaban a los peregrinos hasta la iglesia, dio origen a una serie de broches en la década de 1930, todavía de influencia art déco pero con piedras redondeadas que realzan su diseño arquitectónico. Más tarde, en las décadas de 1970 y 1980, la firma volvió a emplear el óvalo en piezas realizadas en oro combinado con diversas piedras preciosas.

Un anillo en platino con perlas naturales y diamantes de 1963 recrea el inconfundible perfil de las iglesias gemelas de la Piazza del Popolo, diseño igualmente de Bernini, cuya imagen era una las primeras que contemplaban los mandatarios y peregrinos que accedían a Roma a través de la emblemática plaza. La confluencia en este punto de la Vía del Corso, la más antigua de la ciudad, Vía Ripetta, que conduce hacia la basílica de San Pedro, y la Vía del Babuino, hacia Santa María la Mayor, configura un entramado de calles conocido como el Tridente por su característica forma en abanico adentrándose en la ciudad; un peculiar diseño que reproduce el collar convertible en broche, realizado en 1955 en oro y platino con tres filas de rubíes y un delicado lazo de diamantes.

Otra de las más emblemáticas plazas de Roma es, sin duda, la Piazza Navona. Ubicada en el antiguo emplazamiento del estadio de Domiciano (siglo I d.C.), la belleza barroca de este espacio se reproduce en la forma alargada de un broche de 1934, en el que destacan tres diamantes de grandes dimensiones, con una disposición similar a las famosas fuentes que adornan la plaza: la de los Cuatro Ríos en el centro, diseñada por Bernini, flanqueada a ambos lados por las fuentes del Moro y de Neptuno.

Gian Lorenzo Bernini fue también el primero en proponer un diseño cóncavo y convexo para la pared de la doble escalinata de la plaza de España, aunque el proyecto final lo llevaría a cabo más adelante otro arquitecto. Las líneas curvas de esta famosa escalera, recientemente restaurada gracias al patrocinio de Bulgari, inspiraron la creación en 1938 de un collar de platino y diamantes que puede transformarse en dos pulseras, dos broches alargados y otros dos más pequeños, típico ejemplo de la joyería convertible de la década de 1930. En 2016, una nueva joya recoge la inspiración de la escalinata: un collar en oro con esmeraldas, rubíes, zafiros y diamantes que evocan las azaleas que la decoran en primavera.

El puente de Sant’Angelo fue durante varios siglos el único enlace entre las dos orillas del Tíber. Lo mandó construir el emperador Adriano para unir el Campo de Marte con su mausoleo, convertido posteriormente en dependencias papales y en prisión, y hoy conocido como el castillo de Sant’Angelo. En el siglo XVII Bernini diseñó las diez figuras de ángeles que adornan los paramentos del puente, esculturas que inspiraron el diseño en 1938 de una pareja de pendientes de platino y diamantes. Del mismo modo, la forma pentagonal del Castillo se recrea en un suntuoso collar de 1991, con las gemas dispuestas simétricamente sobre una base de oro y con elementos distintivos del estilo Bulgari, como su llamativa combinación de colores y el uso creativo de las piedras preciosas para adaptarlas al diseño de la pieza, con partes redondeadas y otras angulares.

Más historia

Desde la antigua Roma hasta el Barroco, la forma octogonal está presente en numerosos monumentos romanos, sobre todo en los artesonados de los palazzi. El interés de Bulgari por las formas geométricas convirtió al octógono en el marco ideal para los colgantes de grandes dimensiones de la década de 1970, normalmente iluminados por una gran gema central, que podían lucirse de forma independiente como broches o junto a collares de largas cadenas. Un magnífico ejemplo es el collar de platino con zafiros y diamantes que perteneció a Elizabeth Taylor, regalo de Richard Burton en 1972 por su 40 cumpleaños. Por su parte, la decoración de la espectacular cúpula del Panteón ha inspirado la creación de varias piezas, como un collar en oro y diamantes de 1992 que recuerda esta característica geometría, con sus filas de diamantes en talla baguette.

Una serie de broches de finales de la década de 1980, con un patrón concéntrico en varios colores, rinde homenaje a la ingeniosa simetría del templo de Venus y Roma, mandado construir y diseñado por el emperador Adriano, con dos ábsides contrapuestos que comparten la misma pared donde se situaban las estatuas de Venus Felix y Roma Aeterna. Una arquitectura que sigue el modelo del juego de palabras AMOR–ROMA: la misma palabra leída en sentidos opuestos que, al igual que el templo, permitía adorar en una dirección al amor (Venus) y a Roma en la opuesta.

Tras la conquista de Egipto, los emperadores romanos llevaron a la ciudad algunos de sus obeliscos como demostración de la superioridad de su civilización sobre el pueblo egipcio. Los jeroglíficos que los decoran han inspirado el diseño de collares desde la década de 1970, con incrustaciones realizadas en nácar o cornalina. Otros collares y brazaletes, en los que se entremezclan piedras preciosas de diversos colores y tamaños, recrean la característica disposición de piedras de distintas formas y medidas con las que los romanos construyeron sus carreteras, como la famosa Vía Apia. Entre ellos, un collar en oro con amatistas, peridotos, aguamarinas y diamantes de 2003; una pulsera de oro amarillo con topacios, amatistas, cuarzos, peridotos y turmalinas de 2013, y otro collar en oro con zafiros azules y amarillos, perlas cultivadas y diamantes realizado en 1988. La inmensa estrella circular que decora el pavimento de la plaza del Campidoglio se finalizó en 1940, a pesar de tratarse de un proyecto original de Miguel Ángel que empezó a construirse en el siglo XVI. Este característico diseño se reinterpretó en 1955 en una pareja de broches de platino, rubíes y diamantes que pertenecieron a Anna Magnani, quien solía lucirlos junto con los pendientes “Tridente”, reafirmando de esta manera sus raíces romanas.

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